Las largas noches de Tama-Gringo

Que el tiempo se extienda, y momentos duren para siempre… oh no, eso no pasa jamás, todo lo contrario. El tiempo parece hacerse más corto.

Cuando disfrutas, cuando te conectas con otras almas como la tuya, los segundos pasan sin que te des cuenta, y pum! Sale el sol.

En Costa Rica, mis noches eran para dormir, salvo un par de tragos mochileros en Monteverde hasta la medianoche, o un pedacito de Sunday Funday post surf en Nicaragua.

Cuando llegué a Tamarindo, la historia cambió.

A Tamarindo se le va de las manos eso de la fiesta, el término “Party Town” le queda de perla. Fue un shock llegar y que me ofrecieran “weed y blow” en cada esquina de una forma tan libre. Me di cuenta que mucha gente llega a perderse, o encontrarse, depende del punto de vista de cada quien. Me chocó los primeros días, pensaba irme, y luego, el equilibrio llegó. Yo me alimento del cambio constante, así que me vino bien. Vivía al revés, mientras los rumberos dormían, yo corría en la playa, mientras ellos bailaban, yo dormía.

El caso es, que cuando haces voluntariado en un hostal, conoces a todo el mundo, en algún punto, todos cumplen años o se tienen que ir. Entonces escuchas en repetidas ocasiones la frase: It´s my last day. Eso significa, vamos a rumbear. Al principio, lo intenté, pero mi alma es aventurera, no rumbera, aunque de vez en cuando bailar no me cae mal, aunque generalmente lo hago mientras cocino.

Sin embargo, pasearme entre borrachos y gente ofreciendo droga, no es lo mío. Uno de esos días, iba caminando con un grupo de gente genial, y un local que hasta la fecha no conozco, me agarró el brazo. Mi reacción poco delicada y muy latina, fue lanzar un manotazo que lo hizo brincar hacia atrás, le di mi mirada número 73, y seguí caminando.

Pero hey! No todo es malo. Mis largas noches memorables incluyen, una pizza hawaiana, que siempre critiqué, pero era lo que había. Y la amé!

Mi segunda noche memorable, un cumpleaños estrellado. Salimos todos por un ratito. Un grupo que congenió el día anterior, en un instante, ya estaba gritando un gran “feliz cumpleaños” en la calle a uno de ellos. Y a la 1 am, cuando caminábamos de regreso, me quejo por el calor y pido al universo una piscina. Pero ella, la canadiense dice, para qué piscina si tenemos playa a 100 metros. Así que nos cambiamos e hicimos nuestro desfile en traje de baño por la calle de Tamarindo a las 2 a.m. mientras los borrachos ya salían de los locales.

Y ahí estábamos los 5, sin palabras, sentados en la orilla, contemplando un océano de estrellas, mientras las olas nos golpeaban y de cortina, al fondo, una tormenta eléctrica que iluminaba los barquitos diminutos en el horizonte. No cabía decir nada, el silencio era lo mejor que podíamos regalarnos. Era imposible seguirle la pista a tantas estrellas fugaces, a tanta magia. Todavía cierro los ojos y me siento la brisa, los relámpagos y esa compañía silenciosa a mi alrededor.

La tercera fue la mejor. Una noche salgo de mi habitación a buscar agua antes de dormir, y terminé sentada en una mesa hablando, como cosa rara de comida con este grupo que había llegado el día anterior. Cuando mencionamos pancakes, voltea el resto, y así terminamos haciendo pancakes de banana a las 10 p.m. para 2 estadounidenses, una suiza, un italiano y un japonés. A las 12 a.m. nos corre el guardia, así que nos sentamos en una acera a contemplar la vida nocturna de Tamarindo: Una pelea callejera silenciosa (porque no querían llamar la atención de la policía), un carro que vendía cosas clandestinas, al cual le compramos un par de cervezas, solo para saber qué ofrecía. Vimos un sapo gigante, mientras me retaba a no salir corriendo, vimos un desfile de gente borracha pasar, así como a un hombre montarse en un grill de pinchos colina abajo cuando la fiesta terminó. Para cerrar con los niños nicaragüenses que venden figuras de palma en la calle. Ellos son una historia aparte que espero contar pronto.

Así cerramos, más de 10 horas de conversación continua. Gente se iba a dormir, mientras nosotros salvábamos al mundo con nuestras ideas, una más loca que la otra, que eran fruto de una conexión de almas nómadas que pocas veces se unen.

De esa forma nos sorprendió el amanecer. Y el día no terminaba, lo extendimos, hasta la tarde más perfecta que puedo recordar en mucho tiempo. Surf en compañía de un grupo muy especial, sentarnos detrás de las olas a mirar sobre la montaña dos arcoíris, mientras detrás de nosotros venía una tormenta y el sol caía, con rayos de luz que se abrían paso entre las nubes, muy lejos de nosotros.

Y cuando por fin llegó la tormenta, nos rodeamos de agua aún más, surfear entre el agua del mar y la inmensa cantidad de gotas de lluvia que caía, fue sencillamente maravilloso. Eres parte de ese todo que es más grande que tu, que toda tu existencia, es la naturaleza ofreciendo su belleza y tú en el medio, como un turista entre sus gotas, sus olas y sus rayos.

Cuando nos fuimos, salió la venezolanidad que no me abandona y preparé arepas, enseñé cómo abrirlas y rellenarlas. Para que después terminaran llamándolas “corn pockets”, y tuviera que dar tutoriales por Facebook.

Si tuviera que describir momentos perfectos, están allí. Los detalles son infinitos, tomaría horas y muchas palabras. La gente hace que todo sea especial, que los viajes valgan la pena. Y es cierto, realmente nunca estás sola. Hay 7000 millones de habitantes en esta tierra, y muy lejos hay alguien con quien harás una conexión que durará para siempre en tu memoria, aunque se hayan visto por instantes.

Gracias por las pejibayas con mostaza, por la pasta, por el café, por la torta de coco, por acompañarme en la cocina, por las bananas con Nutella, por el surf, por las conversaciones largas, por los consejos, por la compañía silenciosa, las canciones, por las miradas de complicidad, por los secretos, los bailes, las caminatas en la playa, por intentar hacer arepas solo porque se acordaron de mi, por seguir llamando aunque todos estemos lejos.

Nos vemos pronto y será Bananas o´ clock!

Note: Translate this, don´t be lazy, and learn proper spanish because it´s a beautiful lenguage.

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