La casita en el globo de nieve…

Desde pequeña siempre quise tener un globo de nieve. Incluso, después de llegar a este lugar, en el que sabía que me esperaba el invierno, y aunque ya comenzaba a hacer frío, cada vez que pasaba por una tienda, me asomaba a ver si encontraba el que soñaba, uno hermoso con una cabaña rodeada de pinos, en un paisaje perfecto, inmaculado y prístino.

Un día, al pasar de unas semanas y un par de tormentas después, decidí abrir la puerta de la cocina, para encontrarme con una escena tan irónica que si algo me dio, fue risa.

La nieve casi llegaba a la mitad de la puerta, era un paisaje totalmente blanco, caían enormes copos que se acumulaban en las ramas de los pinos y hacían una cortina que no dejaba ver más allá de algunos metros.

Fue en ese momento, en el que me di cuenta que ya no necesitaba ese globo de nieve que tanto había añorado, pues yo era la cabaña solitaria, rodeada de pinos en un horizonte blanco, atrapada en mi propio mundo perfecto.

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Escritos trasnochados, de una noche sin luz, con tormenta, y leña húmeda imposible de encender.

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